julio 06, 2020 2 Minutos de Lectura

Hay un gran número de triatletas que comienzan desde muy pequeños, ya sea por legado familiar o porque los papás buscan el deporte que le quite mayor energías a sus hijos. Pero también hay un número importante que empieza de grande.

Muchos se meten a este exigente pero entretenido deporte porque practican otros y andan buscando un nuevo desafío, otros por la búsqueda de cambiar su forma de vida, algunos simplemente para completar un checklist  y, aunque no lo crean, hay quienes lo hacen para cumplir una apuesta.  

Corría el año 2009 y Sarah Piampiano, triatleta profesional que se quedó con el segundo lugar en el IRONMAN 70.3 Coquimbo, estaba en un bar junto a un amigo algo pasado de peso, se tomaba un vodka mientras se fumaba un cigarro cuando él le cuenta que se inscribió en el triatlón olímpico a lo que ella le dijo: "me inscribo contigo y te apuesto que te gano". Ahí comenzó su historia en el triatlón. 

Sarah no hacía deporte, fumaba una cajetilla diaria y trabajaba en finanzas casi 100 horas a la semana en Manhattan, y desde que conoció este deporte su vida cambió. Le ganó a su amigo por 20 minutos y decidió inscribirse a su primer 70.3, dejó de fumar, comenzó a entrenar y a alimentarse mejor. Tenía 29 años y dos años después empezó a correr como profesional y el 2012 a dedicarse 100% al deporte. 

Una apuesta que terminó siendo un cambio radicar en una persona y que por el destino encontró una nueva pasión. ¿Qué te motivó a ti? 

En Coquimbo corrió con bicicleta prestada

El año pasado, Piampiano era uno de los atractivos que traía el 70.3 de la Cuarta Región. Viajó desde Kona tras haber terminado el campeonato mundial en 9:16:29. Llegó el jueves 17 de octubre con un pequeño problema, su bicicleta fue revisada en la escala que hizo en LA y no llegaría hasta el viernes en la noche y con eso la posibilidad de que llegara a Coquimbo para la carrera era nula. 

Sarah se comunicó con la organización para lograr encontrar una bicicleta de su talla para competir, no encontró en los puestos de la expo y parecía que no podría competir. 

Comenzaron los mensajes a través de grupos de triatlón de diferentes equipos hasta que Loreto Santa Cruz dijo que Felipe Aguilar, su marido, podía prestársela. Ahí comenzó la travesía para que llevársela a Coquimbo, en medio de un movido 18 de octubre.

Cuatro de la mañana y la bicicleta tras un largo viaje en bus llegaba al hotel donde  se estaba quedando Sarah. Tuvo que armarla, ajustarla lo máximo posible e irse al Parque Cerrado.

Horas más tarde, se coronaría como segundo lugar de Coquimbo ante la atleta Zoot, Ellie Salthouse que realizó una increíble carrera. ¿Habría sido el mismo resultado con su bicicleta? Nunca lo sabremos. 


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